Cómo leer las etiquetas de los alimentos

Ya sabemos que lo importante del envase de un producto no es su imagen ni sus llamativos eslóganes o fotos con productos increíblemente sanos y llenos de proteínas, minerales, vitaminas, fibra, superalimentos a granel y aderezado todo con una dosis de pierde peso, siéntete mejor, mantente en forma y tómalo con Colacao por favor.

Lo realmente importante lo solemos encontrar en la parte de atrás del paquete, muchas veces escondido, otras casi invisible o en otro idioma e incluso otras veces ni aparece en el producto sus ingredientes ni la tabla de valores nutricionales que posee, de esos productos lo único que podemos hacer es dejarlos donde estaban y si puedes y nadie te ve, escóndelos al fondo.

Ya sabemos que lo importante del producto es su información nutricional, pero ¿sabemos leer esa información o nos la meten doblada como de costumbre?

Vamos a enumerar unas cuantas cosas que quizá no sabías y que son muy útiles a la hora de elegir un producto u otro:

  1. Los ingredientes del producto están ordenados de mayor a menor cantidad que aparece en el producto final. Es decir, el primer ingrediente que aparece es el más abundante en proporción, y el último el menos abundante.
  2. ¿Cómo se cuándo un producto es integral? Este es un tema bastante discutido, ya que dependiendo del país en donde te encuentres, para que un producto pueda llamarse integral debe llevar un tanto por ciento de sus ingredientes integrales, en algunos países basta con el 50%, en otros como Alemania, si es para el pan, debe ser el 90% ingredientes integrales y si es pasta, el 100%, y en España… bueno… Ya sabéis lo que les importa a nuestros políticos la nutrición… En España basta con que haya algo de integral en el producto. Vamos, que encontraréis productos “integrales” con un 20% integral o incluso con un 1%.
  3. Rico en fibra. Cuando un producto pone rico en fibra ese producto no suele ser integral. Cuando lo que anuncia es “Fuente de fibra” significa que tiene 3gr de fibra por cada 100gr del producto, mientras que si nos dice que es “Rico en fibra” son 6gr por cada 100gr de producto. Normalmente esta fibra es añadida, es decir, que no es del producto de forma natural y por lo tanto no tienen los mismos beneficios que si fuera, por ejemplo, un producto integral.
  4. Las sustancias que se han demostrado que pueden causar alérgias deben ir en otro color, normalmente en letra negrita, para que sea más fácil su identificación.
  5. ¿Debo fijarme en la CDR (Cantidad Diaria Recomendada) que aparece en el producto? Pues esto es un tema muy peculiar, ya que esta medida está tomada para una mujer adulta media que consuma 2000kcal/día. Evidentemente esto no será ni siquiera una décima parte del mundo, pero bueno. ¿Qué pasa con la CDR en los productos para niños? Pues más de lo mismo, esta orientada para una mujer adulta, y no creo que ningún niño ingiera 2000kcal/día, aunque en los márgenes de obesidad infantil en los que nos estamos moviendo alguno habrá. Conclusión: No debes fijarte en esto pero si que te puede dar una mínima orientación.
  6. Etiquetado de grasas. Ahora estamos entrando en duda sobre si las grasas saturadas, tan demonizadas hasta hace bien poco, son realmente tan malas como nos contaban ya que ciertos estudios están demostrando bastantes beneficios en ellas; pero lo que si tenemos claro es que de las que de verdad hay que huir son de las grasas Trans, que muchas veces nos las encontraremos con el seudónimo de “parcialmente hidrogenadas”.
  7. Aditivos. Seguramente algún amigo que este leyendo esta parte recuerde lo pesado que soy con estas cosas así que… Un abrazo! Uno de los problemas de los aditivos es que pueden tener más de un nombre (algunos tienen cinco o seis). Lo más común es que aparezcan con la letra E seguida de un número. Si este es de la serie del 100 se trata de un colorante, si es de la del 200, un conservante, de la del 300 es un antioxidante, de la del 400 un espesante, de la del 500 un regulador de la acidez y si es de la del 600 un potenciador del sabor. En algunos casos son necesarios y seguros. Pero, como dice Aitor Sanchéz: “que lo sean no significa que sean inocuos”. Ya que pueden alterar el sentido del gusto, incitándonos a consumir productos cada vez más dulces. ¿Quizás de ahí viene el nombre de aditivos?
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