Cuando el viento te empuja

“Cada vez se hace más notable la falta de motivación en ciertos aspectos, sobre todo profesionales, de mi vida, pero aun así consigo seguir adelante con la ayuda de los típicos compañeros de fatigas que han estado a tu lado tanto en los buenos como en los malos momentos, y es en estos cuando más los necesitas y más consigues sacar de ellos. Por ello no se que pasará cuando no estemos juntos.”

En esta semana, donde el viento era el elemento más fuerte que nos azotaba por todos nuestros costados es donde más he podido notar el compromiso que tenemos unos con otros para no parar, y decir que no. Y es que cuando estas haciendo cambios de ritmo y te toca darlo todo en una cuesta arriba con el viento en contra, los segundos no pasan, se hacen eternos, sientes como si pesaras más, vas más lento, apenas se aprecia el esfuerzo y la gente empieza a soltar gritos con los que intentamos calmar ese viento imposible de calmar. A veces nos empuja hacia la cuneta haciéndonos parecer más torpes de lo que en realidad somos. Otras veces parece que te esta ayudando a ir más rápido, pero son solo instantes antes de que gires hacia tu derecha y ves como lo que parecía que se había aliado contigo en un pacto, te da ahora de frente y te hace que sufras más. Quizá sea justo lo que necesitas en ese momento. Para que así no te creas que es todo tan sencillo. Para que así de verdad puedas dar el merito que se merece a lo que has hecho. Quizá sea un buen amigo que te ayuda a esforzarte más. Un buen amigo al que casi todos odiamos cuando nos da de frente y adoramos cuando nos empuja hacia delante. Pero estas dos semanas, siempre ha estado ahí, como muchos de mis compañeros que consiguen que saque lo mejor de mí. Y es que aun que la mayoría piensa que el correr es un deporte individual, yo cada vez e doy más cuenta que siempre podrás hacer algo más cuando hay alguien en quien confías a tu lado. Solo por el echo de que te lo crees cuando no puedes más, o tienes un mal día.

Y cuando escuchas: ¡Ya está! Sólo nos queda un cambio. ¡Hay que darlo todo!

Y ves como poco a poco nos vamos motivando entre nosotros. Picándonos. Riéndonos. Y por que no decirlo, pasándolo mal. Muy mal. Pero seguimos en pie. Aunque los segundos se hagan eternos. Los minutos no consigan ni pasar. Pero hay seguimos todos. Al pie del cañón. Y es cuando se oyen los pitidos del reloj marcando los últimos 5 segundos. Unos pocos paran. Otros empiezan a bajar el ritmo. Y otros acaban dándolo todo. Hasta tal punto que parece que vas a echar la pota. Y al final, acabas tan feliz.

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