¡Maldito Ácido Láctico!

Qué rabia nos da cuando sentimos que estamos trabajando muy bien y empieza a aparecernos esa maldita fatiga que hace que no podamos seguir entrenando con la misma intensidad o incluso nos obliga a para de entrenar.

Esta fatiga es producida por nuestro más que querido amigo el Ácido Láctico, que consigue que no tengamos suficiente energía para realizar los ejercicios (ya que se inhiben las moléculas encargadas de romper la molécula de la glucosa), y, al no tener esta energía, nuestra capacidad de recuperación será mucho menor y nos costará más, también es culpable de que nos den contracciones (ya que el calcio no puede unirse a las fibras musculares) y por ello produzca una descoordinación muscular.

El Ácido Láctico se produce cuando realizamos ejercicios aeróbicos, como por ejemplo pesas o carrera rápida de corta duración, e incluso también se produce en reposo, pero en reposo es tan poco que el metabolismo lo asimila con facilidad, el problema surge cuando no somos capaces de asimilarlo y entonces por ello se produce la fatiga. Por eso, por ejemplo, si estamos haciendo muchas series cortas de carrera con una intensidad muy alta, vemos que nuestros músculos poco a poco no reaccionan de la misma manera, e incluso a veces parece que nos movemos por inercia y que no tenemos fuerza en el músculo y que no se contrae de la misma manera que al principio, si seguimos entrenando con esa intensidad lo más lógico es que tengamos que parar hasta recuperarnos, y en algunas ocasiones nos sentiremos tan mal que hasta puede que vomitemos, pero no hay que preocuparse, no es del todo malo, es solo causado por el entrenamiento, e incluso conocerás gente que entrene hasta ese límite, sintiéndose contento por haber acabado así.

Un error muy común relacionado con el Ácido Láctico es hacerle responsable de las agujetas, pero no es así, son dos cosas distintas.

La única solución que existe para que no nos afecte de esta forma el Ácido Láctico es entrenar y entrenar y volver a entrenar hasta que nuestro cuerpo consiga mejorar nuestra adaptación a la fatiga. Esto conlleva mucho tiempo y dedicación, no se consigue de un día para otro. Y si han así vemos que la fatiga producida por este amigo nos impide seguir, no te preocupes, para y descansa que no pasa nada.

“vomitar entrenando no es de cobardes.”

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