Cuestas, desniveles y montañas.

Como algunos de vosotros sabéis, me he trasladado por un temporada a la maravillosa isla de Tenerife y mire por donde mire encuentro cuestas, cuestas y más cuestas. Son pocos los desniveles casi inapreciables que encuentro por esta isla, y he llegado a la conclusión de que si sigo entrenando así pueden pasar dos cosas: o que consiga ser una máquina inhumana que no le afecten las cuestas y pueda hacerlas sin bajar de ritmo, cosa que no veo muy probable, pero como la posibilidad existe no tenemos que perder la esperanza. O dos, que no consiga mejorar como debería, ya que con todo esto no consigo mantener un ritmo constante adecuado y cuando entreno cambios de ritmo me afecta demasiado.

Pero siempre hay que mirar el lado bueno de la cosa y pensar que nunca había corrido por unos caminos tan difíciles pero a la vez tan gratificantes. Creo que todos deberían probar lo que se siente cuando empiezas a correr sin rumbo aparente, intentando no mirar muy para arriba por si te asustas y al final, aun que llegues sin aliento acabas en la cima de una pequeña montaña que da al mar, y te paras unos segundos para ver como las rocas rompen contra esta, respiras profundo, te quedas con la preciosa imagen en tu mente y te dispones a bajarla, con cuidado pero siempre intentando ir lo más rápido posible, sintiendo el temor de fallar, de cómo tus pies tienen que responder perfectamente a lo que tus ojos están viendo, un solo fallo y te caes colina abajo, sientes que vuelas por momentos y otros sientes que tienes que anclar bien los pies al suelo para no caer, y cuando por fin llegas abajo sonríes sabiendo que esta vez has conseguido escapar.

Todo esto es muy bonito cuando haces rodajes o cuando no entrenas para un tipo de prueba que no tiene mucho que ver con eso, aunque siempre, correr es correr. Pero cuando tienes un entrenamiento específico para un tipo de prueba la cosa cambia.

Tocaban cambios de ritmo medio, alto y de competición, y por mucho que intentes buscar un sitio lo más llano posible para hacerlos no puedes ir más de 100m. sin encontrar desniveles, y aunque lo des todo te queda la sensación de que siempre pudiste ir más rápido si fuese llano.

Tengo que reconocer que se echa mucho de menos a los compañeros de fatigas que he dejado atrás por un tiempo. Aquellos que siempre tenían una palabra de aliento y motivación para los momentos de bajón y que siempre estaban para apoyarte en aquellos momentos que necesitabas un pequeño empujón para apretar un poco más. Y es que estos días, supongo que porque estoy acostumbrado a entrenar siempre en compañía, he notado mucho la carga que se libera en ellos los días de entrenamiento y que me ahora toca comerse uno mismo si es que quiero seguir con esto, y como no tengo pensado dejarlo, es lo que toca. Siempre existirá gente en peores condiciones que no piensa si dejarlo o no y siempre sigue adelante, le pase lo que le pase. Hay gente increíble por el mundo.

En conclusión, no se como afectara esto a mi rendimiento, pero confío y tengo la esperanza de que al final sea para mejor y que poco a poco consiga asimilar más rápido los desniveles. Al fin y al cabo, ¿Qué sería del deporte sin un poco de sufrimiento?

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